>"MATERIALES MÍNIMOS"> VICENTE ALCÁZAR, ROBERTO DÍEZ, MIGUEL G. MORENO. Enero-Febrero de 2006

 

–Mauricio Navia A.–
Coordinador del Instituto de Investigaciones de Filosofía y Estética
ULA -Mérida- Venezuela

 

Las claves para entender los lenguajes de Vicente Alcázar, Roberto Díez y Miguel Moreno deben encontrarse en estas actitudes estéticas fundamentales que ellos alcanzaron de un modo excepcional en casi 20 años de reflexión y trabajo en los hilos contemporáneos cotidianos de un taller en el corazón de Madrid.

Estos artistas no pintan ni instalan ni ensamblan ni esculpen ni accionan ni graban..., sino hacen filosofía. Pero hacen filosofía desde la óptica de una estética que quiere repensar, deconstruir y experimentar radicalmente los conceptos básicos de la filosofía-estética actual. Ellos experimentaron los sentidos de la desmaterialización extrema de la obra reduciéndola a desechos de cartón, madera y papel no intervenidos. Experimentaron la destitución de toda representación e imagen para quedarse con el mínimo de la línea o el texto. Experimentaron la disolución de lo visual y la diseminación de todas las "expresiones" ahora comprendidas como interpretaciones. Experimentaron íntimamente el abandono del sujeto artista (genio) en favor de hombres cotidianos de un barrio madrileño que habitan el arte desde la filosofía. Experimentaron la deslegitimización del formato máximo y mínimo, en la verdad o veracidad del evento de arte que se sostiene solo, desde lo que las cosas y elementos reclaman y abren, antes que en prejuiciosos conceptos del circuito del mercado.

Ellos han alcanzado, por ejemplo, el concepto de la imposibilidad originaria del color y toman los colores de los desechos urbanos postindustriales como las cajas de electrodomésticos y los impresos de los medios como periódicos y revistas disputándoselos a los pordioseros de las calles. Han evaluado e investigado las purezas de los colores del cartón para alcanzar el grado cero del color y del valor del arte. Así empezaron a hablar desde un lugar donde lo artístico no es posible sino cuando se hace absolutamente necesario.

Han encontrado también, por ejemplo, que el uso de los grandes formatos de los 80' y los 90' ya no era legítimo ni honesto. Así han reducido su actitud al formato de la cosa misma y de lo propiamente humano hilvanando densos silencios en composiciones exactas con una matemática zen que habla de un concepto de formato-materia-lenguaje-hombre antiguo pero muy actual. Proponen un diálogo matérico de madera-cartón-texto impreso dejando -sin el artista presente- que hablen por sí mismos de posibilidades encubiertas allí donde la desmaterialización de los elementos alcanza sus límites y se sitúa en fronteras donde arte y no-arte se hacen patentes y se encubren mutuamente en extraños y borrosos claroscuros como alude el no-color del cartón y la madera de desecho. Esta autenticidad de la obra, sin virtuosismos de genios, la desplaza a ella, al artista y al arte al lugar donde se sostienen por sí mismos, ya no como autónomos, sino en la riqueza de posibilidades que abre lo más precario (el cartón, la madera, el texto) cuando es diálogo puro de síntesis de los sin- sentidos actuales de nuestra
Sin City global.

De allí que cada línea, cada letra, cada trozo de cartón y madera deban ser pensados a la luz de esta nueva actitud filosófico-estética de uno de los talleres más inteligentes, cultos y honestos del arte hispano que conozco. Esta no es una exposición más de arte sino una arriesgada y madura propuesta sobre el sentido del arte filosóficamente comprendido y desvelado.

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